♪♪ - ¡Alto! ¡No se muevan! - ¡Gente! ♪♪ - [Disparos] - [Pedro grita] ♪♪ [Pedro grita] ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ - [Ríe] Sí. No, solo que hubo problemas con la entrega porque hay, hay trabajos en la ruta que une Santiago con Valparaíso. [Ríe] Sí, sí, Herr Braun. Sí. Bueno, son los costos de vivir en un país de... [Ríe] [Suspira] Me colgó. - Pero ¿te creyó? - Supongo que me creyó. Gregorio, nosotros tenemos que recuperar esa carga. Si nosotros no recuperamos esa carga, nos van a matar. Nos matan. - ¿Qué estás haciendo? - Llamaré a Cárdenas. Déjame. - No, no. - Déjame llamar... - No. Antes de hablar... No, escúchame. Antes de hablar con Cárdenas, quiero saber qué hay en esas cajas. - No. Mientras menos sepas, es mejor para ti. - No, no. Escúchame. No, escúchame. - Voy a llamar a Cárdenas. - No, no. Olvídate. Si mi vida está en peligro, quiero saber qué...hay en esas cajas. - Muy bien. Radios. - ¿Radios? - Radios. - Perdón, ¿todo esto por unas radios? - Por... [Exhala] unas radio, sí, de última generación. Alemanas, ¿sí? Es una red de comunicaciones alemana que quieren instalar en América Latina. Una red... Espionaje, sí. Y Chile es la punta de lanza de la red de espionaje. - ¿Una red de espionaje nazi? ¿Me metiste en una red de espionaje nazi? - Bueno, ¿no querías ganar plata, huevón? ¿No querías tener plata pa comprarle joyas a esa...? Ahora tienes plata. [Timbre de teléfono] - ¿Aló? - Buenos días, Sr. Sanfuentes. - ¿Con quién hablo? - Da lo mismo con quién habla. Lo importante es que tengo lo que se le perdió. [Respiración agitada] Tengo sus radios, Sr. Sanfuentes. ♪♪ [Golpe] [Gritos] ♪♪ ♪♪ - Pero ¿qué pasó, Dios mío santo? ¿Qué fue esto? - Josefina: Sra. Walker. Espero no haberla interrumpido. Justo contigo venía a hablar. Doctorcilla. ♪♪ ♪♪ - [Resuello] ¿De qué está hablando, mamá, por favor? Yo creo que está exagerando un poco. Hace mucho tiempo yo sé que las finanzas de la familia no están bien. Y por lo mismo, no voy a condicionar mi vida por eso. - Gaspar, mi amor, tú no estás entendiendo. Nosotros estamos en bancarrota. No tenemos propiedades, no tenemos acciones, porque tu padre dilapidó toda la fortuna, y lo último que hizo fue vender la hacienda de Limache. - ¿Qué? - Sí, mi amor. Tu padre vendió la hacienda de Limache, tu herencia, lo que dejó tu abuelo. Lo único que tenemos ahora es una gran deuda con el banco porque además, la casa está hipotecada. Esa es la situación. Para que te vayas haciendo una idea. [Golpes en la puerta] - Adelante. - Simón: Permiso, comisionado. Acaban de llamar por teléfono. Hay una situación en el Café Colonia. Urgente. - ¿Y no dices nada? ¿O los ratones te comieron la lengua? Pues, supongo que ya sabes por qué vengo hasta acá, ¿no? - Josefina, no deberías conducir en ese estado. Sería mejor que entres y te tomes un... - Sería mejor que me digas por qué diablos me robaste a mi novio. - Srta. Bormann, yo le ruego... - ¡Contéstame! - Está toda la gente mirando. - Contéstame, ¿cómo fue que lo engatusaste? ¿Jugando a la doctorcita? - De verdad, es mejor que entres y te tomes un café. Después te vas a arrepentir del espectáculo que estás dando. Vamos. - ¡Suéltame! ¿Quién te crees que eres, rota de porquería? ♪♪ - Dice que tiene las radios. - ¿Qué? - Perdón, ¿qué fue lo que dijo? - Pedro: Tal como escuchó. Tengo sus radios de procedencia alemana, capaces de transmitir a cualquier parte del mundo. Qué bonito como progresa la humanidad, ¿no? - A ver, un momento. Le exijo que se identifique. - Mire, usted no está en posición de exigir nada. Como le digo, tengo sus radios y si me da la gana, se las tiro al mar ahora mismo. ¿Me escuchó? - Pregúntale qué es lo que quiere. Tranquilo, respira. Y pregúntale tranquilamente: "¿Qué es lo que usted quiere?". - ¿Sigue ahí, Sr. Sanfuentes? - Sí. ¿Qué es lo que quiere? - Doscientos mil pesos en efectivo. Ese es el precio. - ¿Doscientos mil pesos? - En efectivo. No negociable. - Pero ¿cómo se le ocurre que le vamos a pagar esa cantidad de dinero? - Pedro: Y en efectivo, no negociable. Y quédese pegado al teléfono, porque pronto lo voy a llamar para decirle cuándo y dónde me tiene que pagar. - Algo pasó en el Café Colonia. ♪♪ - Doscientos mil pesos. Pero ¿qué se ha creído ese pelafustán? - Bueno, tiene la sartén por el mango. ¿Qué quiere? - No, pero yo no me voy a dejar manipular por un delincuente. ¿Cómo sabemos? ¿Cómo sabemos que de verdad tiene las cajas? - Por favor, Gregorio. Tú te acabas de enterar que en esa caja habían radios. Él sabe que hay radios en la caja. ¡Por favor! ¿Te queda plata? A ver, Gregorio. Mírame, ¿te queda plata? Espero que no te hayas gastado toda la plata comprándole joyas a esa... Porque esa plata la tienes que poner para juntar los 200 000 pesos. ¿Qué haces? - Cárdenas. - Cárdenas. Sí, llámalo. - Hay que hablar con Cárdenas. - Cárdenas. - Doscientos. Doscientos. - Srta. Bormann, por favor. - Yo te miro y trato de entender qué vio mi novio en ti. Porque no, no. No es fea. Pero evidentemente te falta clase. - Ya basta, Josefina. - Tranquila. - Yo sé lo que hiciste. Yo sé lo que hizo. Moverle el trasero. - No, por favor. - Eso es lo que hacen las mujeres vulgares como tú para llamar la atención. - ¡Ya basta, Josefina! ¡Cállate! - Tranquilas, por favor. - ¿Así es cómo tú resuelves las cosas? Ebria, tirando encima tu auto de lujo, insultando. ¿Quién es la que está siendo vulgar aquí? - Josefina: ¿Quién te crees que eres tú para hablarme así? Rota de porquería. - Basta. Basta. - ¡Rota! - Termina con este escándalo, por favor. Basta. Basta. - Josefina: Ah, qué oportuno. Qué oportuno. ¡Gaspar está aquí! Gaspar está aquí. Estaba hablando justo con tu querida, fíjate. - Para. - ¿Por qué no vas a consolarla a ella mejor? Mírala, pobre, con sus ojitos de mosca muerta. - ¡Josefina, para el escándalo! - Josefina: ¿Y qué opinan ustedes? Un policía de puerto y una doctorcilla. Al fin y al cabo no hacen tan mala pareja, ¿o sí? [Josefina aplaude] - Bravo. - Linda... - Bravo. - Mírame. Mírame. Te estás rebajando. Y esto no te hace bien. Te voy a llevar a tu casa. ¿Sí? ♪♪ - Sra. Antonia, discúlpeme. No, no sabe de verdad cuánto lo siento. - Lamentable. Un espectáculo... lamentable. - ¿Estás contenta? Mira lo que conseguiste. Ahora sí que vamos a estar en boca de todo Valparaíso. Ya, no hay nada que ver, chiquillos. Por favor, sigan. Sigan. Olegario, ayúdame. ¿Ya? La gente que está, a los clientes les vamos a regalar un cafecito para pasar el nervio. ¿Ya? - La doctorcita con el policía. ¿Te dai cuenta el forro que eso es pa nosotros? ¿Mm? La... ♪♪ ♪♪ - Arturo: Le dije que no saliera, pero estaba ingobernable. ¿Está bien la señorita? - Está bien, Arturo. No se preocupe. Nada que no se pase con descanso y un Alka-Seltzer, por favor. - Busco enseguida, don Gaspar. - Arturo, ¿está Bormann en casa? - No, pero puedo tratar de ubicarlo. - No. No se preocupe. Traiga el Alka-Seltzer, ¿sí? - Sí, señora. Permítame. - Gracias. - Yo vi, yo vi ahí... Todo es tu culpa. Todo esto es tu culpa. - Puede ser. Pero eso no justifica lo que hiciste hoy día, Josefina. - Yo te vi cómo la mirabas, Gaspar. - ¿Sabes qué? No voy a conversar contigo en este estado. Acuéstate. - Vi cómo la mirabas. - Ven. - ¿Y a dónde vas ahora? - Ya. Suficiente. Basta. - ¿A dónde vas ahora? ¿Te vas a juntar con ella? - Basta. - Van a algún tugurio de mala muerte para revolcarse, ¿No? - Josefina, linda. Suficiente. Suficiente. No querrás que tu padre te encuentre en este estado, ¿verdad? Suficientes escándalos por hoy. ¿Mm? Gaspar. Me imagino que te das cuenta lo que está pasando por este nuevo capricho tuyo. - No es un capricho, mamá. - ¿Ah, no? Yo creo que sí, fíjate. Primero, tu horrible trabajo, y ahora esto. Demasiadas licencias para un hombre de tu posición. - ¿Sabe qué? A propósito de mi trabajo, le voy a pedir que no vuelva al cuartel para asustarme por la eventual ruina familiar. Yo lamento mucho las decisiones que haya tomado mi padre, pero no me voy a hacer responsable por eso. - Gaspar... [Josefina se queja] - Linda, tómate este vaso de agua, ¿sí? Tienes que descansar. Estás tomando todo demasiado a la tremenda. - Me cambió por una chusca. [Resuella] - Por una chusca. A mí. - Si todas las mujeres pensaran que sus relaciones se van a acabar por un desliz insignificante, estaríamos todas solteronas. [Resuella] - Ya. Tómate esa agua y descansa. Yo voy a ver cómo arreglo este entuerto. - Hollywood. - Buenos días. - Buenos días, doctora. - Buenos días, doctora. Oiga, ¿a usted le gusta el cine? - Eh, sí. Claro que sí. - Peineta: Yo voy a ser un artista de cine. El jovencito de las películas. El Peineta. ¿Cómo suena? - Y yo voy a ser el rey del salitre po. - Ah, veo que recuperó el sentido del humor usted. Eso es un muy buen síntoma. - Sí, doctorcita. ¿Viste cabro? Estoy como tuna. Si lo único que me falta es, es un pencacito para componer el pulso. - Eloísa: Por ningún motivo, oiga. Ni una gota de alcohol para Anselmo, ¿ah? - Sí sé, doctora. No se preocupe. Si lo tengo cortito al veterano este. Mire que usted se pone tonto cuando chupa. Anda tratando de matarse. - Ay, quédate callado, cabro. - Oiga, mejor usted váyase preocupando de saber quién cresta fue el futre que le robó el hermanito al Pedro, iñor. - Eloísa, por favor. Vino una vecina y me contó lo que pasó en el café de su padre. - [Suspira] ¿Y cómo supo esa vecina? - Doctorcita, lo sabe todo Valparaíso. [Resuella] - El que está a cargo de la seguridad aquí es usted, Cárdenas, por Dios. - Bueno, pero usted también estaba ahí po, Sr. Sanfuentes. - No, a ver, un momento. El paco aquí es usted, no soy yo. Para eso le pagamos, no porque nos caiga bien. ¿Quién no nos dice que fue usted mismo que, que le dio el dato a los delincuentes? ¿Ah? ¿Quién? - No, pues. No, no, no, no diga una cosa así. ¿Cómo insinúa algo así? ¿Ah? Yo vengo colaborando con ustedes hace mucho tiempo y con lealtad po. - ¿Sabes qué? Quizás Cárdenas tiene razón. - Sí po. - Lo que pasa con Cárdenas es que está desmotivado y para motivarte, Cárdenas, te voy a hacer socio. ¿Mm? Socio, para que tengas... ...beneficios de las ganancias de los negocios, pero también para que aportes con las pérdidas. ¿Mm? ¿Cómo está la pelotita debajo del somier? - [Ríe] ¿Cómo está la platita? Digo, para que la vayas juntando pa juntar los 200 000 pesos que tenemos que juntar. - No, yo, yo soy un hombre de trabajo, Sr. Bormann. No tendría con qué. Aparte que el, el camionero, el chófer, era un hombre de confianza suyo. Usted lo puso ahí. Así que si alguien la cagó, no fui yo. - ¿Cómo? ¿Cómo te refieres así, falta de respeto? Peliento de... - No po. Pero ¿por qué me trata así? No sea así po. Si, oiga, a lo mejor usted está así por lo que le pasó a, a la Srta. Josefina. Pero yo no tengo la culpa po. ¿Ah? - ¿Qué le pasó a Josefina? ¿Qué le pasó a Josefina, huevón? - ¿No, no sabe? - Bormann: No. - Ah, pues, si está toda la ciudad hablando po. ¿Ah? Chocó con el Colonia po, con el café. ¿Ah? Parece que fue por lo del, lo del comisionado con la hija del Neftalí. Con la doctorcita po. Bueno, ustedes ya saben ahí lo que pasó po. Me imagino, ¿cierto? No, pero está bien, ¿ah? No se preocupe, está bien. Está, está un poquito caramboleá. Se tomó un par de güiscachos, pero está, está bien. - Todo por culpa del imbécil de tu hijo. - No, Perdona... - Contesta. - ...la que chocó borracha fue tu hija, no... [Timbre de teléfono] - Gregorio: ¿Aló? - Pedro: Bodega 12, 23:00 en punto. Solo usted y el Sr. Bormann. ¿Le quedó claro? ¿Le quedó claro? - Sí. Sí. Estamos claros. - Muy bien. Así me gusta. Si no va, olvídese de sus radios. Nunca habíamos hecho un negocio así, Gato. Es mucha plata. Vamos a ser millonarios. Vamos a poder ayudar a nuestra gente. - Vamos a celebrar a la cantina. Vamos a tomarnos algo. - No, no, no. Acompáñame primero. Yo quiero ver cómo sigue el viejo. - Bodega 12, a las 23:00. Solo tú y yo con la plata. - Perfecto. Voy a juntar el efectivo. - Mucha plata, me voy a demorar. - Gregorio: No, no, no. No, yo no le voy a dar ni un solo puto peso a ese delincuente. Jamás en mi vida me he dejado manipular por un roto de... - Gregorio, nosotros tenemos que recuperar esas radios porque si no, Herr Braun nos va a cortar la cabeza a ti y a mí. Y a Cárdenas también. ♪♪ - Desde que volví a Valparaíso, nada ha resultado como lo había planeado. Se supone que sería la primera mujer médico en el Hospital Británico. Una prometedora carrera por delante. Mi padre no podía más del orgullo. Y bueno, en vez de eso, me echaron por atender delincuentes y ahora, para más remate, el escándalo en el café. - Yo hace 30 años estaba pensando si aceptaba una propuesta de matrimonio. Y míreme ahora. [Ríe] - ¿Y qué pasó entre medio? - Ay, no. Una larga historia. Siga usted mejor. El joven Sanfuentes, ¿cuál es la historia ahí? - Bueno, a él lo conozco desde que tengo memoria. Siempre fue muy gentil, muy caballero. Imposible no admirarlo. Pero siempre lo miré de lejos. Es mayor que yo y, y, bueno, sobre todo porque es el hijo de los patrones de mi tía. - Mjm. - Alguien inalcanzable. Bueno, no sé cómo lo verá usted, pero para mí, en esta sociedad está todo escrito. Cómo debe ser una mujer, de qué puede hablar, de quién se puede enamorar. O sea, está todo escrito. - Puede ser. Puede ser. Pero algo pasó. Porque ahora están juntos. [Helena ríe] - No sé bien qué pasó, pero cuando nos reencontramos, bueno, yo no quería ir, pero mi papá insistió en que fuéramos a agradecer a la Sra. Antonia. Y ahí estaba él. Me miró, me habló. Siempre tan gentil. Siempre un caballero. No sé, es de esas personas que, que te hacen sentir especial. Y es tan... Ay, perdón, hermana. Yo no debería estar contando estas cosas. - Pero te faltó decir algo. Que el infeliz es muy guapo. [Risas] Es muy guapo. Pero no me mires así. A ver, si cuando yo tomé los votos no me quitaron los ojos. No, pero hablando en serio. Yo admiro a la gente valiente. Y tú eres una mujer muy valiente. Así que cuando las cosas se pongan difíciles, tú siempre vas a tener lugar aquí en mi consultorio. - Muchas gracias, hermana. - Helena: Salud. - Salud. Muchas gracias por este tecito. - Helena: ¡Pedro! - Permiso, hermana. - Buenas tardes, Pedro. - Buenas tardes, doctora. Disculpe que las interrumpa. Quise pasar a echar una miradita para ver cómo sigue el viejo. - Bien. Bien. El Peineta no le ha sacado los ojos de encima, así que no lo retes. Y la doctora recién lo examinó. - Así es. - ¿Así que está mejor? - Todavía delicado, pero recuperándose. - Bueno, doctora, aprovechando que estoy aquí, me, me gustaría hablar una palabrita con usted, si es que no le molesta. - No, no le molesta. [Ríe] Los dejo para que conversen. Hay tecito recién hecho, como a ti te gusta. - Muchas gracias, hermana. - Usted me dirá. ¿Qué pasa, Pedro? - Mire, doctora, yo sé que no tengo por qué meterme en su vida. Pero usted también sabe que las noticias vuelan y, bueno, supe que usted y... ...supe que usted y el tira Sanfuentes son novios o algo así. - Mjm. - Y me va a perdonar pero eso... ...para mí es un problema. ♪♪ - Josefina. ¿Cómo está? - Creo que mejor, don Cornelius. Ya más tranquila. Ahora está con la Sra. Antonia y el Dr. Spencer. - ¿Antonia? ¿Qué está haciendo aquí? - Ha estado todo el día al lado de la señorita. Ella me pidió que llamara al doctor. - Precisamente, aquí está el Sr. Bormann. - Buenas tardes, doctor. - Sr. Bormann, buenas tardes. Bueno, no hay de qué preocuparse. Josefina está bien. Le administré un calmante para que descanse. - El doctor amorosamente dejó todas sus obligaciones en el hospital para venir a ver a Josefina. - La fortuna que dono todos los años al hospital tiene que ayudar, ¿no? Buenas tardes. - También para usted, Sr. Bormann. - Alejandra: Buenas tardes. - Sra. Williams. - Entiendo que estés molesto, pero ¿tenías que ser tan grosero con el doctor? - ¿Qué estás haciendo acá? - Vine a acompañar a la Josefina, mi futura nuera, mientras su papá quizás en qué andaba. - ¿Nuera? - Alejandra: Sí, futura nuera. Cornelius, no te habrías creído tú también eso del folletín melodramático, ¿no? Es cierto, Gaspar tuvo un desliz. Nada que yo no pueda solucionar. Somos adultos. ¿A quién no le ha pasado? ¿Mm? ¿Te acuerdas de Juanito Aldunate, que se entusiasmó con el hijo de la ama de llaves...? - ¿Tú crees que soy imbécil? El inútil de tu hijo no va a volver a humillar a mi Josefina. Así que se acabó el noviazgo. Se acabó el negocio y se acabó la amistad. Ah, una pregunta. El banco A. Williams, ¿lo fundó tu abuelo o tu bisabuelo? - Abel Williams. Mi abuelo. - Te lo pregunto porque hace unos días compré una enorme bolsa de acciones a tu primo, así que soy el principal accionista y estaba pensando en cambiarle el nombre y ponerle C. Bormann. Pero no, en realidad es como muy ordinario, ¿no? Es mejor A. Williams, porque aunque no tengan dinero, suena más... El punto es que ahora tú y tu marido me deben directamente a mí. Qué ironía, ¿no? ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ Hija, por Dios. ¿Cómo se te ocurre hacer una locura así y exponerte de esa manera? Pero no te preocupes, porque yo no voy a permitir que nadie se burle de mi hija. Yo me voy a encargar de poner en su lugar a ese imbécil. ♪♪ - Mire doctora, quiero dejarle en claro que mi intención no es meterme en su vida privada, pero lamentablemente... - ¿Me dice que no quiere meterse en mi vida, pero igual lo hace? No veo por qué tendría que ser un problema para usted que yo tenga una relación con Gaspar. - Ah, ¿es verdad entonces? - Pedro, disculpe, pero es mi vida privada y yo no tengo por qué darle explicaciones a usted. - Es que no es tan simple, doctora. Porque usted acaba de atender a Anselmo. Antes atendió a la Gato. - Soy médico, no veo cuál es el problema. - El problema es que usted sabe demasiadas cosas de nosotros. Sobre todo de mí. Incluso le conté mi historia de cabro chico. - ¿Y qué es lo que le preocupa exactamente? ¿Que vaya y le cuente estas cosas a Gaspar? - Sí, eso me preocupa, doctora. Porque resulta que uno confía en usted y después... - ¿Después qué? - Después se puede ir de lengua. Ese tira me la tiene jurada a mí y va a ocupar cualquier cosa para ponerme las manos encima. - A ver, Pedro, no sé si usted se está dando cuenta, pero a mí me está ofendiendo. Como médico, siempre respeto y protejo la privacidad de mis pacientes. - Pero ahora... - Creo que eso lo demostré muy claramente cuando atendí a la Gato, ¿no? - Sí, pero ahora es distinto, porque ahora es la novia de ese tira. - Y aunque fuera mi esposo, Pedro. Por favor. Yo separo absolutamente los planos. - ¿Qué es eso de los planos? - Bueno, yo separo lo profesional de lo privado. Una soy yo, Eloísa, y la otra muy distinta es la Dra. González. Planos separados. - Hola, doctora. - Eloísa: Hola, Gato. ¿Cómo estás? - No quería interrumpir, pero tú mismo le pusiste hora a los futres. Nos tenemos que ir. - Sí. Bueno, doctora, me, me tengo que ir. - Gato: Sí, nos tenemos que ir a devolver un cargamento a, a los futres que le robamos. Uno de los futres es su... - Gato. ♪♪ ♪♪ ¿Ve por qué le digo? - Planos separados, Pedro. - ¿Plano separado entonces? - Mjm. - Muchas gracias por cuidarme al viejo. - Solo cumplo con mi deber. - Vamos. ♪♪ ♪♪ - ¿Qué es esa cuestión de los planos separados? - Algo que vai a tener que empezar a aprender. ¿Qué pensabai hacer? ¿Contarle a la doctora lo del tira San fuentes? - Bueno, es pa que te di cuenta ya po que no podemos seguir siendo amigos de la doctorcita. Menos ahora que anda ahí con el tira, con el jefe de los tira. Y capaz que ande metido en toda esta cuestión de la corruptela con su papá po. Vos sabí. Date cuenta, Pedro, ¿sabí? - Ella no tiene nada que ver en esto. - Ah. ¿Ah, no? ¿Y cuánto le va a durar? Dime po, ¿cuánto, cuánto va a aguantar ahí? Ahora que se anda revolcando con el tira, ¿no nos va a sapiar? Si le van a hacer un cariñito y lo va a soltar todo. Yo pensé que vo erai más escurrido, Pedro. Tení que empezar a pensar con la cabeza, ¿sabí? - Shh. - Pajarón. - Pedro: Súbete o te vai a ir caminando. ♪♪ ♪♪ - Buenas tardes, Neftalí. - Si viene por Eloísa, no está. - Lamento mucho lo que pasó hoy día. - No más que yo, se lo aseguro. - A ver, yo entiendo que usted esté molesto y creo que le debo una explicación. Si usted me lo permite, me gustaría hablar de lo que está pasando entre Eloísa y yo y aclararle cuáles son mis intenciones. - Pues, va a tener que esperar. Estoy ocupado y tengo que cerrar primero. ♪♪ ♪♪ ♪♪ - Citado por unos delincuentes en este lugar miserable. No sé en qué minuto se me ocurrió hacer negocios contigo. - En el minuto exacto en que terminaste de gastarte la fortuna de tu mujer y me debes 100 000 pesos. Esta gracia está saliendo Doscientos mil, cien tú, cien yo. Te puse tus cien, así que anda pensando cómo me vas a devolver 100 000 pesos. - La plata. - No, no. Tranquilo. Tranquilo. Niño. Niño, tranquilo. Estamos solos. No... - La plata... La plata. - Tenemos la plata. Están los 200 000 pesos en la guantera. Tranquilos, ¿sí? Tranquilos. [Cornelius respira agitadamente] ♪♪ - Adelante. Por favor, pase. - Muchas gracias por recibirme en su casa, Neftalí. Quería... ...quería pedirle disculpas nuevamente por la conducta de mi exnovia. Mi intención no era que las cosas terminaran así. Todo lo contrario, yo quería aclarar las cosas por respeto a usted y a Eloísa. - ¿Aclarar las cosas, don Gaspar? - Lo que está pasando entre Eloísa y yo, Neftalí. Quiero que sepa que mis sentimientos por su hija son sinceros. - ¿Sus sentimientos? - Mjm. - Yo le voy a decir qué pasará con sus sentimientos, joven. Hoy día tuvimos un claro ejemplo. Mi hija está en boca de todo Valparaíso. - Lo sé y lo siento. - Y no solamente ella, la Srta. Bormann también. Pero claro, ella se puede ir a Europa a pasar las penas. Los de su clase pueden hacer lo que les plazca, pero mi hija no. - Lamentablemente, no me puedo hacer responsable por lo que haga Josefina. Solo puedo responder por mis acciones, Neftalí. - ¿Sus acciones? ¿Sus sentimientos? Eso es lo que le preocupa, pero no lo que ello provoca. - Neftalí, por favor, escuche... - A ver, don Gaspar. ¿Por qué no me dice a qué vino exactamente? [Suspira] - Además de venir a pedirle disculpas, vine... Vine a pedir su aprobación para que Eloísa y yo podamos vernos y empezar una relación. - No la tiene. Y si sus sentimientos son de verdad hacia ella, déjela en paz. No le desgracie la vida. Por el bien de ella y el de todos. - Víctor: Camina. - Buenas noches, patroncito. ¿Cómo está? ¿Me podría prestar fuego, por favor? - Oh, Tú. - Usted y la boca te queda donde mismo. - Pedro: Tranquila, Gatito. No es necesario ser tan bruta con nuestros invitados. Por favor, tomen asiento, caballeros. Asiento. Así es, Sr. Bormann. Ahí están sus radios. Tuve la intención de quedarme con una, pero no sabría qué hacer con ellas. Tengo unos primos en Europa, pero tenemos unas diferencias por un tema de la herencia. - Usted entiende, ¿no? - [Cornelius ríe] - Bueno y ahora que están sus radios, por favor, sean tan amables de entregarle el dinero que acordamos a mi amiga, por favor. - Primero me gustaría revisar toda la mercancía. - Mire, Sr. Sanfuentes. Mi nombre es Pedro Ramírez. Antes trabajaba para el Eloy, pero tuvimos nuestras diferencias. Así que el que está a cargo ahora soy yo. Quizá usted no me conoce. Puede preguntar por mí en las calles y en los muelles del puerto y le dirán que soy un hombre que cumple su palabra. Así que si yo le digo que hay 12 radios en esa caja es porque hay 12 radios en esa caja. ¿Estamos claros? ♪♪ Muy bien. Ahora que ustedes tienen sus radios, nosotros vamos a tener nuestro dinero. Vamos a hablar de lo realmente importante. El futuro de los negocios que podemos hacer juntos. ♪♪ ♪♪ - Neftalí, yo entiendo sus temores, pero Eloísa y yo somos dos personas adultas y vamos a poder enfrentar todas las dificultades que se nos presenten. - ¿Todas las dificultades? ¿Usted de verdad cree lo que está diciendo o me lo está diciendo para que yo quede tranquilo? - Por supuesto que lo creo. - Usted no tiene idea lo que es una dificultad. Usted jamás ha tenido una real dificultad o le ha faltado el dinero para llegar a fin de mes. - Neftalí. - Mire, yo conozco a la gente de su clase. Sé cómo actúan. Andan por ahí, por el mundo, haciendo y deshaciendo a destajo. Claro, sobre todo si ellos piensan que... - Neftalí. Eloísa y yo vamos a seguir juntos a pesar de todas las objeciones. Las suyas y las de mi familia también. Yo a usted lo respeto mucho, de verdad. Y para mí sería una gran tranquilidad al menos contar con su aprobación. - Ya le dije lo que pienso. Mi primera y única obligación es cuidar a mi hija. Ahora, por favor. Tengo que preparar el negocio para mañana. Lo acompaño. - No, no se preocupe. Sé dónde está la salida. - Seguramente ustedes se deben estar preguntando: "¿Qué se cree este roto de... para venir a hacer negocios con nosotros?". ¿No? ¿O me equivoco, Sr. Sanfuentes? - No, no, nosotros no pensamos eso. Nosotros somos empresarios y estamos completamente abiertos a sus propuestas. - Pedro: Muy bien. Eso es lo que quería escuchar. Entonces, parte del acuerdo. Quiero que se me garantice poder seguir trabajando en los muelles tranquilo, como antes lo hacía Eloy. - Delo por hecho. - Muy bien. Y lo más importante. Quiero el tercio de estos cargamentos especiales que ustedes traigan. ¿Mm? A cambio de la seguridad garantizada. Ningún peliento se va a meter con ustedes. Nadie les va a robar los camiones. - Sr. Ramírez, yo valoro muchísimo su propuesta, pero yo jamás he pagado tanto por seguridad. Con Eloy habíamos llegado a un trato, 5 %. - Estoy al tanto del acuerdo que ustedes tenían con Eloy. Pero mi seguridad, Sr. Bormann, es distinta. Yo veo cosas que Eloy no ve. Y eso tiene un valor. - Ah, ¿y se puede saber qué cosas en particular usted ve? - Veo radios de fabricación alemana por las cuales ustedes están dispuestos a humillarse frente a un roto. Me imagino que esto debe tener un gran valor, ¿no? O quizás hay algo que la autoridad todavía no sabe. Quizás tiene que ver con los nazis todo esto, ¿o no? Veo que el día que ustedes recibieron los cargamentos, en los muelles no había ningún policía. Seguramente su hijo está metido en los negocios, ¿no? - No, no, no, no. Saque a Gaspar de esto. Él no tiene ninguna participación en este negocio. - Bueno, si no tiene ninguna participación en este negocio, los del cuetazo en el cerro fueron ustedes. Como voladero de luces para distraer al niño, quizás. ¿No? ¿Ve por qué mi seguridad tiene otro precio, Sr. Bormann? - Usted es exactamente la persona que nosotros andamos buscando. - Muy bien. Si estamos de acuerdo, entonces, aquí en los muelles estamos acostumbrados a cerrar nuestros acuerdos con un matecito. Muy bien, señor. [Carraspeo] ¿Sr. Sanfuentes, a lo mejor usted no quiere pertenecer al trato. Nadie está obligado. - No, va a tomar. Va a tomar. Va a tomar, tranquilo. Pasa que él vive en el barrio inglés, donde no toman mate. Allá toman té, como los chinos. Toma. ♪♪ ♪♪ - Muy bien, Sr. Sanfuentes. Sr. Bormann, Sr. Sanfuentes, bienvenidos a este nuevo negocio. - Guardia: Muy bien. Buenas noches, señorita. Que le vaya muy bien. - Eloísa: Gracias. - Mujer: Buenas noches. - Guardia: Que le vaya muy bien. - Dra. González, ¿cómo está? - Eloísa: Comisionado. - Ey, después de lo que pasó hoy día, ¿tiene sentido que sigamos guardando las apariencias? Yo creo que no. ♪♪ ♪♪ Vengo de hablar con tu papá. Pensé que sería una buena idea hablar con él, tratar de explicarle para tranquilizarlo un poco. - Mi papá no va a cambiar de opinión, Gaspar. - Me quedó claro. Pero de todas maneras, después de lo que hizo Josefina, quería por lo menos decirle que mis intenciones contigo son serias. - ¿Ah, sí? ¿Y lo son realmente? - No sé. Puede ser. Te ves un poco cansada. - Sí, lo estoy. [Suspira] Ha sido todo tan, tan desagradable. Tan incómodo. Como si todo el mundo me pidiera explicaciones por estar contigo. - Me pasó lo mismo, la verdad. En mi casa me están echando la culpa por la ruina de mi familia. Tu papá cree que soy un señorito idiota que no tiene ni idea dónde estoy parado. - Bueno, lo de idiota por supuesto que no. Pero lo de señorito... ♪♪ - ¿Sabes qué? No deberíamos dejar que nadie nos eche a perder esta felicidad. Nosotros deberíamos estar celebrando. Conozco un lugar que nunca cierra. - No quiero ser aguafiestas, pero lo que menos necesito en este momento son las miradas chismosas de la gente. - ¿Te conoce alguien en Cartagena? - ¿Cartagena? - Ciudad de poetas y bohemia. A la...con todo. - A la...con todo. ♪♪ - Ven. ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ Permiso. Permiso. Christopher. - Christopher: ¿Cómo está? - Gaspar: Permiso. Bien ¿y tú? - Christopher: Bien. - ¡Gaspar! - Vicente. Ven. [Risas] - ¡Pero qué bueno verte! - No sabía que estabas en Chile. Qué bueno verte. - Hace un par de meses que estoy de acá. Sí. Pero con unas ganas de volver que no te imaginás. ¿Y esta joven tan encantadora quién vendría siendo? - La Dra. Eloísa González. - ¿Doctora? - Así es. - Ah, o sea, es mucho más que belleza lo que ven mis ojos. - Mucho gusto. - Encantado. Bueno, tengo que volver a la mesa con los poetas de provincia, que son todos fomes y borrachos. Pero tengo que estar ahí. Dale saludos a tu tío. - En tu nombre. - Doctora, si estos poetas me enferman de aburrimiento, ¿puedo pedir una hora en su consulta? [Risas] Nos vemos. - ¿Es Vicente Huidobro? - Gaspar: Es amigo de un tío que a veces se las da de escritor, aunque su verdadera pasión es el güisqui. En todo caso, no le des mucha bola. - ¿Ah, no? - Tiene prontuario por escaparse con jovencitas. [Risa] Es de temer el hombre. - Gracias, Gaspar. Gracias por pensar en esto. Por traerme. No te imaginas cuánto necesitaba relajarme. - Y yo necesitaba estar contigo. ♪♪ ♪♪