♪♪ ♪♪ - [Disparo] - ¡Alto! ¡No se muevan! ♪♪ - ¡Miente! ♪♪ [Pedro grita] ♪♪ ♪♪ ♪♪s ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ - [Gritando] "Terror en Valparaíso. Anarquistas quieren quemar el puerto". No sé quede sin su Lucero. Lleve su diario. Lleve su diario. ♪♪ Lleve su diario. - [Suspiro] - Café Colonia. Buenos días. Eloísa, ¿dónde estás? ¿Qué pasó? ¿En el consultorio? ¿Cómo? ¿Ti-tiene algo que ver con, con lo de la bomba en el cerro? Ya, okay, okay, deje, lo hablamos después, ¿ya? Pero no me vuelvas a hacer esto, por favor, mínimo que avises. Ya, adiós. Olegario. Venga poh, mijo. Déjale una cosa... ¡E-Ester! Qué gusto tenerte por acá. - Buenos días, Neftalí. Neftalí: Buenos días. Sentémonos en, en una mesa. Olegario, deja eso ahí y tráenos un, un té y una trozo de torta Reina Victoria, ¿ya? - No vengo a tomar desayuno. - Ah. - Me preocupa Eloísa. Está tirando su vida por la borda. ♪♪ - Ya está estabilizado. Ahora hay que dejarlo descansar. - ¿Usted cree que se va a salvar? - Ojalá pudiera asegurarlo. De todas formas, tiene que saber que este hombre tiene una salud muy frágil. Es alcohólico y sufre una cirrosis muy avanzada. No, no se fuma aquí. Voy a volver más tarde a controlarlo. Ahora tengo que irme, mi papá... Mi padre estaba preocupado. - Si yo fuera su padre, también estaría preocupado. La noche en el puerto no es un lugar seguro para una mujer como usted. - Es curioso que sea usted el que me dice eso. - ¿Usted cree que Valparaíso es inseguro por mi culpa? Bueno, lo único que falta es que me echen la culpa a mí de esa bomba. - Usted es un hombre inteligente, Pedro. Podría ganarse la vida honradamente. Le puedo preguntar, ¿por qué este hombre es tan importante para usted? ♪♪ - No quiero aburrirla con historias del pasado, doctora. - Tengo todo el tiempo del mundo. ♪♪ ♪♪ [Bostezo] - Si sigue así, ni el café va a ser suficiente, Gregorio. - Ah, ¿y a qué te refieres? - A que volviste a llegar de madrugada, borracho y con olor a perfume de mujer. - Ah. A ver, Antonia... Gaspar: Buenos días. - Darling. - Buenos días. - ¿Cómo está? - No pude pegar un ojo. Gaspar: Lo siento mucho, pero estuvimos trabajando toda la noche en el cuartel. De hecho, vine a cambiarme de ropa y tengo que volver. - No, no, no, no, no, no, no. Tú tienes que descansar, tomar desayuno, toma... - Mamá, de verdad no puedo ahora. - ¿Estás trabajando en lo del atentado? Porque hay que poner mano dura a esos anarquistas. - Sí, estamos investigando. - Lo, lo que faltaba. Ahora viene otra revolución, ¿o qué? Una guerra civil como en España. Gaspar: Mamá, tranquila, no creo que deba preocuparse tanto tampoco, ¿hmm? - No, no, perdóname, hijo, pero esto hay que tomárselo en serio. O sea, tu mamá tiene razón, nadie va a estar tranquilo hasta que esa lacra sea completamente erradicada. - Sí, me lo tomo muy en serio, papá. No se preocupe. Me voy a ir a bañar. ♪♪ Antonia: No puedo creerlo, Gregorio. - ¿Qué? ¿Ah? ¿Qué fue lo que hice ahora? - Ya es suficiente con que sea policía, pero además, ¿tú lo animas a seguir tomando riesgos? - Bueno, no sé, él eligió ese trabajo, ahora que haga algo útil. - A propósito de cosas útiles, te quiero hoy día temprano en esta casa porque organicé una velada. - ¿Hoy? - Sí, hoy, algo íntimo con los Bormann y algunos amigos. Hay que recomponer la relación entre Gaspar y Josefina. - A ver, Antonia, yo creo... Antonia: Te recuerdo que fuiste tú el que dijo que si no había matrimonio, nos íbamos a la ruina completa. - Bueno, lo siento, yo tengo asuntos importantes que atender hoy en la noche. - Una nueva cita en el Pirandelli, me imagino. ♪♪ - Cuando cumplí siete años me trajeron en un barco y me dejaron en un orfelinato. Ahí alcancé a estar una semana y me di cuenta que los curitas no eran nada tan santitos. Así que apenas pude me arranqué. Después conocí a la Gato y al Negro y ellos, ellos me apoyaron y se convirtieron en mi familia. Después, con el tiempo, fui entendiendo de qué se trataban esos recuerdos que tenía en la cabeza. Los balazos. El humo. Los gritos. Los gritos de las mujeres, los llantos de los niños. ♪♪ Santa María. La escuela. La matanza de la escuela de Santa María de Iquique. Niños, mujeres, ancianos. No respetaron a nadie, doctora. Y yo estuve ahí. Yo vi los cuerpos apilados. Con el tiempo se me han ido, se me han ido olvidando las caras de mis taitas, y quedan unas pocas imágenes, son muy pocas, pero son bonitos recuerdos, ¿sabe? Me acuerdo que mi mamá nos cantaba, y cantaba tan lindo, doctora. Recuerdo la mano grande de mi padre que me revolvía el pelo. ♪♪ - Yo también perdí a mi madre cuando era niña. Fue distinto, fue una enfermedad, pero puedo entender lo que siente. - Por eso su padre se preocupa tanto por usted. Hay que entender al hombre. Yo creo que uno con el tiempo lo va aceptando y lo va superando. El no tener padre me refiero. Al menos yo tuve la suerte de conocer a los míos, no como muchos cabros guachos que conocí en la calle. Pero cuando me quitaron a mi hermano, doctora... "No lo sueltes, negrito. Pase lo que pase, no lo sueltes", me dijo mi mamá. ♪♪ Y yo lo solté, doctora. Lo solté. - Pedro, usted era un niño, no podía hacer nada. - Busqué a mi hermano por años, doctora, por años. Cuando cumplí 15, fui en un tren de polizón. Estuve ahí en Iquique, en la fosa que habían hecho con la gente que habían asesinado, buscando algo, cualquier cosa que me conectara con mi hermano. Ropa, una placa, huesos, cualquier cosa. ¿Y usted me dice que un hombre inteligente como yo debería ganarse la vida honradamente? No, doctora, fue gente honrada la que me quitó a mi familia. ♪♪ - Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance. Si ese hombre sabe lo que pasó con su hermano, lo vamos a salvar para que se lo diga. ♪♪ - Perdona que te haya hecho esperar tanto rato, Ester, pero abajo a esta hora es una locura. ¿No quiere un cafecito o algo dulcecito? - No, no, no, no. La señora tiene visitas y me tengo que ir. - Bueno, aunque sea un ratito, es un honor tenerte por acá. Por favor. No sé, no sé... - Lo que está pasando con Eloísa ha sido una desgracia, Neftalí. Yo nunca le he pedido ningún favor a la señora Antonia. Esta vez yo hice una excepción para que ella entrara a trabajar al Hospital Británico, y mira cómo me paga. Despedida en menos de lo que canta un gallo. Se me cae la cara de vergüenza con la señora. - Sí, yo había pensado en ir a hablar con ella. - ¿Con la señora? Neftalí: Sí. - ¿Pero cómo se te ocurre? Eloísa se farreó la oportunidad de su vida de una manera escandalosa. Con la que tienes que hablar es con ella, no con la señora. - Pero Esther, si ya lo hice. Tú sabes cómo es ella, llevada de su idea. Así está la juventud también poh, rebelde. - No existe la juventud rebelde, Neftalí. Existen los padres permisivos. Todo esto ha sido un tremendo bochorno. Hasta don Gaspar trató de interceder por ella. - Pero, pero eso no corresponde. - Por supuesto que no corresponde. - En todo caso, no creo que haya sido idea de la Eloísa. Yo, yo creo que puede haber sido iniciativa de, de don Gaspar. - No sé, Neftalí, no estaría tan segura. Eloísa nos lleva dando varias sorpresas últimamente. - Tía Ester. ♪♪ Ester: ¿Y tú vienes llegando? - Sí, tuve que atender una urgencia. - ¿De qué urgencia me estás hablando? Si todo Valparaíso sabe que te despidieron. - Estoy ayudando en un consultorio. Ahora, si me disculpan, estoy un poco cansada, no dormí nada. - ¿Qué te crees, niñita? ¿Ah? Te despidan de tu trabajo, no llegas a dormir a tu casa. ¿Qué pensaría tu pobre madre, que en paz descanse, si estuviera viva? Debería darte vergüenza. - No tengo nada de que avergonzarme. Mire, yo le agradezco su ayuda para entrar al Hospital Británico, de verdad, y le pido disculpas si le he causado algún tipo de molestia con su patrona, pero no vuelva a escudarse en la memoria de mi madre para sermonearme. Ya no soy una niña. Permiso. ♪♪ - No tenías por qué meter a la Marujita en todo esto. - Yo le prometí a mi hermana que iba a velar por mi sobrina y es lo que voy a hacer. Permiso. ♪♪ ♪♪ - ¿Y eso? - Te dije que tenía un negocio entre manos. Estoy saldando algunas deudas. ¿Qué? ¿Tienes algún problema con eso también? - No, por supuesto que no. Solo una pregunta. Me extraña que tengas tanto dinero en efectivo en casa. ¿Marcos alemanes? - Sí, Antonia, son marcos alemanes. - ¿De qué va ese negocio tan lucrativo? - Mira, la verdad es que me tengo que ir a la aduana y no tengo tiempo para estos interrogatorios. - Es el negocio que tienes con Bormann, ¿verdad? ♪♪ - Sí, Antonia, es un negocio de importaciones que tengo con él. Así de simple. Nos vemos en la noche. - Importaciones extrañas. Salida nocturna. Marcos alemanes. Ni por un segundo pienses que soy una estúpida, Gregorio. [Puerta se cierra] ♪♪ - ¿Cómo sigue? - No por mucho preguntarse va a mejorar antes. ¿Por qué no se va a dar una vuelta para que se despeje? - No, hermana. No me voy a mover de acá hasta que el viejo hable. Hermana Helena: Qué porfiado que eres. Aquí están. - ¿Y? ¿Ha despertao? - Nada. ♪♪ ¿Y a ustedes, cómo les fue? ¿Averiguaron algo? ♪♪ Hipólito: Hace mucho tiempo que Valparaíso está siendo infiltrado por esa gente, comisionado. Sindicato, universidades, liceo, incluso la Marina, ¿hmm? Es la maldición de vivir en el puerto, ¿ah? Gracias, Castillo. - De nada. - Lo mejor y lo peor del mundo entran por aquí. - ¿Usted qué piensa, Soto? - Bueno, siempre ha existido actividad anarquista en el puerto. Yo no creo que sea tan grave como dice el comisario. - ¿A usted le parece poca cosa una bomba en la cárcel, Soto? - Solo trato de analizar los hechos. Hipólito: Y los hechos dicen que la ciudadanía está aterrada. - Quiero que interroguen a todos los activistas y agitadores que tengamos fichados, ¿ah? No podemos caer en la histeria, necesitamos hechos y evidencias concretas. ¿De acuerdo? - Entendido, señor. - [Inaudible] - Una cosita, comisionado. Toda nuestra gente está en los muelles detrás del Pedro Ramírez. ♪♪ - Ramírez puede esperar. La prioridad la tiene el atentado. ♪♪ ♪♪ - Parece que el Cárdenas tenía razón. Esta noche llega un barco y esta misma noche sacan el cargamento del puerto, eso es raro. - Están armados hasta los dientes. - ¿Qué naviera es? Peineta: La del alemán Bormann. Pedro: ¿Se sabe lo que trae el barco? - Dicen que textiles, pero nadie contrata seguridad especial pa eso. - Anda el rumor de que podría ser oro. - ¿Oro? - Pa pagarle una cuestión al gobierno. Sea lo que sea, es grande, Pedro. - A mí no me gusta nada todo esto. Demasiada vigilancia, el Cárdenas entre medio. A mí no me gusta ese huevón. - Gato: Bueno, pero tenemos que hacer una buena pega. Se nos está acabando la plata. - ¿Y si es una trampa todo esto? Nos pillan robando en el muelle, nos acorralan ahí, nos matan ahí mismo. - Llegamos con más gente. Armaos hasta los dientes, pa guapearle todos los guardias que tengan. - ¿Qué decís tú, Pedro? ♪♪ - El Negro tiene razón. No podemos confiar en ese huevón de Cárdenas, pero de él me voy a encargar especialmente yo, y no necesitamos tanta gente, Gato, con un par de personas más estamos listos. Peineta, vamos a usar nuestra mejor arma, muchachos, la cabeza. Lo que siempre hay que ocupar antes de sacar los fierros. Yo no me puedo mover de acá, así que le voy a pedir unos trabajitos, ¿vale? Negrito, te necesitamos con nosotros en esta. ♪♪ - Tenga la bondad de pasar al salón, señora Williams. De inmediato le informo a la señorita Josefina que usted está acá. - Gracias, Arturo. Arturo: Permiso. ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ - No, Cárdenas, usted jamás me decepciona. Sí, nos vemos. Nos vemos esta noche en el muelle. Sí, le llevo el dinero. Está bien. ♪♪ [Teléfono] ¿Aló? [En alemán] ¡Hola, señor Braun! [Hablando alemán] Me colgó. [Risa] Pero qué sorpresa. - Perdón, no quería molestar. - No, no molestas. ¿Tú de nuevo por acá? La gente va a pensar que tenemos un affair, ¿ah? Ven, siéntate conmigo aquí en el sillón. - Para tener un affair se necesitan dos. - Habemos dos. - Vine porque voy a acompañar a Josefina a la peluquería y pasé a saludarte porque te quiero hacer una pregunta. - Soy todo oídos. - Hoy en la mañana me encontré a Gregorio con dos fajos de marcos alemanes en las manos y ahora me encuentro contigo hablando en alemán. - Alemania es el futuro. Todo el mundo lo sabe. - Hmm. ¿Qué se traen entre manos tú y Gregorio? - Me encanta estas excusas que te inventas para venir a verme aquí, a cruzar tus piernas frente a mí, a sentarte en mi silla. - Hmm. A mí me encanta esa imagen exagerada que tienes de ti mismo. Eres tan básico. - Y no sé exactamente lo que te gusta de mí. - Antonia, qué bueno que pudiste venir. - Sí, justamente le estaba contando a tu padre que te voy a acompañar a la peluquería. - Sí. - Vamos, porque se hace tarde. Josefina: Ya, yo voy. - Adiós, Vati, nos vemos. - Cornelius: Vaya. - No faltes en la noche. - ¿A dónde no tengo que faltar? ¿Hasta cuándo las sorpresas hoy día? - ¿Por qué será que los hombres no les gustan las sorpresas? Sé puntual como un caballero. - Soy cu... Cualquier cosa, menos un caballero. ♪♪ [Golpes en la puerta] - ¿Mi niña? - ¿Hmm? - La llaman por teléfono. - ¿A mí? - Sí, un tal Gerónimo. ¿No será algún pretendiente nuevo? - ¿Nuevo? Puf. Copuchento. - Bueno, yo digo nomás, que harta falta que le hace. - ¡Oye! ¿Aló? Acá la doctora González. ¿Con quién hablo? - Gerónimo. ♪♪ - ¿Cuál Gerónimo? Conozco a varios. - Gerónimo, el jefe de Apache con el que usted comió la torta de la paz. - Ah, ese Gerónimo. Sí, algo me acuerdo. Dígame, ¿en qué puedo ayudarlo? - ¿Sabe qué? Eh, Creo que tengo un padecimiento al corazón que solo se podría aliviar viéndola a usted. Si quiere puedo pasar a buscarla en mi caballo y dar un paseo por la playa. ♪♪ - No creo que sea una buena idea, Gerónimo. Gaspar, lo siento, pero me encantaría dar un paseo contigo, pero no es una buena idea. - ¿Por qué? - Tú sigues siendo un hombre comprometido. - Yo lo sé y... [Carraspeo] ...y te prometo que me voy a hacer cargo de eso hoy día mismo. - No. No, a ver, tú tienes una relación de hace muchos años y yo no quiero ser la persona que interfiera en eso. - Yo sé que tú no me has pedido nada. Soy yo el que se da cuenta que ya no puedo seguir con Josefina. Pienso en ti todo el día. Es contigo con quien realmente quiero estar. Quiero que podamos pasear por la playa, viajar juntos, estar donde sea sin tener que escondernos. Hoy día mismo... voy a cancelar mi compromiso con Josefina. ♪♪ ♪♪ [Golpes en la puerta] - Pase. Adelante. [Riendo] Ay, pero qué sueño. [Risa] - ¿Qué pasa, Camille? ¿Esperabas a otra persona? - No. No, Herr Braun. Herr Braun: ¿Pensaste que me había olvidado de ti? ♪♪ - ¿Toma algo? - No. No bebo alcohol. Este horrendo y decadente puerto es muy pequeño. Ya me habían comentado que el señor Sanfuentes te había hecho un espléndido regalo. - Sí. Él es un, un señor muy generoso y un gran admirador. Fue un regalo. - Un gran admirador. - Camille: Sí. - Me pregunto si el señor Sanfuentes sabe de tus otros talentos. Sobre todo sobre ese talento que tú tienes para seducir a hombres viejos e ingenuos. ♪♪ - Herr Braun, ¿Qué es lo que quiere? - Por ahora, solo un poco de compañía. Quítate este vestido. Quítatelo. ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ [Conversaciones indistintas] - Ester, ¿qué está haciendo toda esta gente acá? - Es una sorpresa para usted, Gasparcito. - Está Josefina con Bormann. ¿Me puede decir que está planeando mi mamá, por favor? - Darling. Ven, acompáñame a saludar a los invitados. - ¿Invitados a qué? ¿Qué es lo que estamos celebrando? - Si te dijera, no sería una sorpresa. - Mamá, ¿qué es esto? - ¿Por qué esa cara? Es ese trabajo tuyo que te tiene... - Dígame, ¿qué está haciendo toda esta gente acá? - Ay, por Dios, que eres majadero, Gaspar. Invité al reverendo Jones para que bendiga las argollas de mi abuelo. Es mi regalo para ti y Josefina, para que empiecen una nueva vida. - Gaspar, te esta... Cambia esa cara de funeral. - Lo siento, pero yo no voy a ser parte de esto. ♪♪ Ahora menos que nunca. ♪♪ [Recuerda] Pedro: ¡Manolito! ¡Manolito! - Manuel: ¡Hermanito! - Pedro: ¡Manolito! - ¿Pedro? ¡Pedro! Pedro, el hombre despertó. Despertó. ♪♪ ♪♪ Pedro: Mi hermano. ¿Qué hiciste con mi hermano, huevón? - ¿Qué te pasa? Suéltalo. Sal de acá, yo no te llamé para esto. - Debería estar muerto. ¿Por qué...me salvaste? - ¿Por qué te salvé, huevón? Porque llevo 30 años buscando a mi hermano y no te vais a llevar el secreto a la tumba. ¿Qué hiciste con mi hermano, huevón? Hermana Helena: ¡Basta! Sal de acá. Sal de acá. ¡Ya! - Yo se la entregué a un marino. ♪♪ - ¿A qué marino? - A un futre de acá del puerto. A un oficial. Él dio la orden para robarse al niño y pa criarlo como hijo suyo. - Nombre. Dime el nombre de ese oficial. ♪♪ El nombre, huevón, el nombre del oficial. - Un oficial joven. 30 años. - ¿El nombre, huevón? - No sé. No sé. No sé cómo se llamaba. Hermana Helena: Basta, lo vas a matar. Tranquilo. Por favor, respire. - Si no sé. Pero si no sé cómo se llamaba. Hermana Helena: Ya [Inaudible]. - Decían que su mujer estaba seca, que no podía tener hijos. Por eso el futre lo vino a buscar para entregárselo a su mujer, pero yo no sé cómo se llamaba. - No te creo nada, huevón. ¿Te robaste un niño por órdenes de un marino y no te acuerdas de su nombre? ¿No te acuerdas? - Todos, todos dando órdenes. El ejército, los marinos, hasta los futres del gobierno dando órdenes. Si tú, si tú estabas, nos daban la, la súplica del diablo. Pólvora con aguardiente pa que no nos temblara la mano y así poder matar, así matar. Matar. ♪♪ Hermana Helena: Pedro, guarda eso. Guarda eso por favor. Guarda eso. Pedro. - ¿A eso viniste? Entiérrame el cuchillo, ...de tu madre. - No te voy a dar en el gusto, huevón. No te vas a ir de este mundo hasta que me ayudes a encontrar a mi hermano, huevón. Eloísa: ¿Qué está pasando aquí? - Guárdalo, por favor. - ¿Pedro? ♪♪ - Este viejo de... no se acuerda del oficial que se robó a mi hermano. - Ya, tranquilo, Pedro. Guarda ese cuchillo. ♪♪ Hermana Helena: Sale. - Doctorcita, dígale al cabro que yo no sé cómo se llama, pero que si lo veo, de su cara no me olvido. - Ya, tranquilo. Tiene que descansar ahora. - Si lo veo al futre, lo reconozco. ♪♪ - Ya, Gaspar. Vista al frente y compórtate como un caballero. [Carraspeo] - Buenas noches. Todos: [Al mismo tiempo] Buenas noches. - Gaspar, mi amor. Ay, te ves hermoso. Ay, ya. Ven. El reverendo Jones tuvo que cancelar muchas cosas para estar aquí hoy. - No sabes lo feliz que estoy de estar aquí, mi querido Gaspar. - Muchas gracias por venir, reverendo. Josefina. - ¿Qué pasa? - Yo no sabía nada de esto. ¿No te parece que me tendrían que haber preguntado? - ¿Pero por qué preguntarte, mi amor? Soy tu novia. ¿Cuál es el problema? Ya, nos están todos mirando ahora, así que di algo. ¿Te parece? Emm... - Bueno, emm, si es que querían sorprenderme, la verdad es que lo hicieron. ♪♪ No, no tengo mucho más que decir. [Risas] - Bueno, yo estoy muy agradecida de que hayan venido. Invité al reverendo Jones para que bendiga las argollas de mis abuelos, que llevan más de 100 años en esta casa, y es mi regalo para ustedes, Josefina y Gaspar, para que empiecen una nueva vida. - Ay. Muchas gracias. Están preciosas. - Reverendo. ♪♪ - Invoquemos la bendición de Dios sobre estos novios que hoy anuncia su próxima unión con Cristo señor. ♪♪ - Me dice que la cara del oficial no se le ha olvidado y que si lo ve lo reconocería. - Aparece de la nada. Dice que se robó mi hermano. Trata de matarse. Quizá es un loco, un mentiroso. La verdad, doctora, ya no sé en qué creer y en qué no. - ¿Por qué iba a inventar algo así? No, no tiene sentido. Lo que yo veo es un hombre, un hombre viejo, un hombre enfermo que vive con la culpa. Por supuesto, lo ideal sería que, que Anselmo tuviera toda la información y usted en este momento ya estaría abrazando a su hermano, pero las cosas en la vida nunca son tan fáciles, ¿no? Y hay otra cosa. Si Manolito fue adoptado por un oficial de acá del puerto, es muy probable que haya tenido una buena vida, que nunca le haya faltado nada. - ¿Una buena vida, doctora? ¿¿Creciendo con un asesino? ¿Con alguien que es capaz de matar inocentes, de robarse a un niño? No. Yo prefiero haber nacido en la calle y morirme de hambre. ♪♪ - Sí, puede que usted tenga razón, que Manolito tampoco haya tenido una vida fácil. ¿Cómo saberlo? Pero usted ahora tiene una esperanza que ayer no tenía. Entonces lo que tenemos que hacer, Pedro, es cuidar a Anselmo, mantenerlo sano, mantenerlo vivo y usar la información que él recuerda para encontrar a ese oficial. ♪♪ - Usted me, me ha ayudado mucho. ¿Lo sabía? - No es nada para mí, Pedro. - Mire, la gente como yo no está acostumbrada a recibir ayuda y cuando la gente lo hace, siempre pide algo a cambio. En cambio, usted nunca me ha pedido nada. Al contrario, se ha arriesgado por mi culpa. - Pedro. Tenemos que irnos a robar un cargamento. Por si se te olvidó, somos ladrones. ♪♪ ♪♪ - Gracias. [Suspiro] [Risa] - Reverendo: Oh. - Josefina: Ay. [Risas] - Bueno, era grande. Mis abuelos estaban sobrealimentados, pero no se preocupen, mañana la mando achicar. Felicidades, mi amor. - Gracias. - Apúrate con el brindis para que no vayamos al muelle. - En eso estamos. [Conversaciones indistintas] - ¿Viste la cara de funeral de tu hijo? ¿Cómo es posible? Dime, ¿cómo es posible? Tendría que nacer de nuevo pa encontrar una novia como mi hija. ♪♪ Muy hábil el movimiento. Lástima que tu hijo se vea cada día menos entusiasmado. - Bueno, quizás me extralimité en su educación inglesa, pero está feliz. - ¡Por favor! Podría encontrar a cualquier otro pelotudo igual de lindo y con mejor apellido en Valparaíso, en Viña, en cualquier parte, pero si permito que sea Gaspar... Si tolero que sea Gaspar es por ti, porque quiero estar cerca tuyo, pero no voy a permitir que nadie humille a mi hija. Así que si quieres que esto funcione, pon de tu parte. ♪♪ - Su atención, por favor. Quiero proponer un brindis por nuestros hijos, Josefina y Gaspar. Salud. Todos: Al mismo tiempo] Salud. [Aplausos] - ¿Qué? ¿Qué me miran así? Si somos o no somos ladrones, ¿verdad? Peineta: Oye, Gato... - Lo digo pa que la doctora no se confunda porque le va a hacer bien saberlo, no le vaya a dar una idea. - Qué bueno verte mejor, Gato. - Hmm. - Eloísa: Me alegro. - Gracias. - Bueno, voy a ver cómo sigue Anselmo antes de irme. - Muchas gracias, doctora. - Su boina. - ¿Y a vos qué te pasa? ¿Se te olvidó que la doctora te salvó la vida? - Si es doctora, está haciendo su pega. - Ni siquiera me has preguntado por el viejo. - Es que el Piojo ya nos contó. Nos dijo que el viejo de... no se acuerda de nada. - ¿Sabís qué, Gato? Me tení aburrido con esa actitud de... que estás teniendo. Tengo cosas mucho más importantes que hacer - que prestarte atención a ti. - Ya. - Negro, ¿cómo te fue con los camiones? - Están listo. - ¿Y las chiquillas? - Tan listas. - Negro, dije. ♪♪ ¿Cómo te fue? - Todo listo. Ahora me sigue dando vueltas en la cabeza lo que dijo Cárdenas. Suena bonito todo lo que dice, pero me parece que es una trampa. Quiere cagarnos. - Está bien, Negro, está bien, pero no te preocupes, yo me voy a hacer cargo de Cárdenas. Confía en mí. Peineta, necesito que te quedes con el viejo. - ¿Yo? - Pedro: Sí. - No, poh, si yo quiero ir con usted. Quiero ir a la acción poh, Pedro. - Cagaste. - ¿Qué cagaste, cabro chico? - Piojo: Oye, ¿qué te pasa? - Piojo, esto es serio. No es pa la chacota. Escúchame. Necesito a alguien de confianza cuidando al viejo para que no se trate de matar ni se escape. ¿Estamos? Lo importante es que tú vas a recibir tu parte del robo. ¿Qué me decís? ¿Ah? - Sí, poh, ahí sí, poh. - Muy bien. Escúchenme. Escúchenme muy bien. Esto es importante. Si todo sale bien con este robo, nos vamos a forrar como nunca. Lo más importante, nos va a cambiar la vida. Vamos, al auto. ♪♪ Ojos tengan no me vean. Manos tengan no me toquen. Pies tengan no me alcancen. ♪♪ Jones: Este matrimonio en Valparaíso va a ser el más bullado, pero en años. Ya me imagino esos niños del British School de monaguillos con encaje blanco. ♪♪ ♪♪ Gaspar: ¡Josefina, espera! - Jamás había pasado una vergüenza como esta. Jamás. - Lo siento, pero fue una pésima idea que organizaran esto sin preguntarme, Josefina. - Tu mamá tuvo una idea preciosa, mi amor. Acá lo único desagradable fue tener que sonreír como estúpida mientras tú estabas con esa cara. - Tenemos que hablar de algo importante. ♪♪ - Dime, ¿qué pasa? Habla. Cornelius: Hija, vamos. Tengo prisa. Josefina: Le digo a Vati que tú me llevas a la casa. - No, no puedo hablar ahora, Josefina. Me están esperando hace más de una hora en el cuartel. - En el cuartel. Bueno. - Pero después puedo pasar por tu casa, si te parece. - Ve tú qué haces, Gaspar. De verdad, ve tú qué haces. ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ - ¿Qué estás haciendo aquí? Los Bormann ya se fueron. Cornelius ni siquiera se despidió. - ¿¿La novia ya se fue? Oh, bochorno total, ¿no te parece? Mañana vamos a estar en boca de todo Valparaíso. - Gregorio, por lo menos estoy tratando de hacer algo... - Ya, vas a empezar de nuevo con la misma cantinela. Tú no tienes la menor idea de lo que hago o no hago por esta familia. - ¿Te vas a ir ahora? - Sí. Si, te dije que tengo asuntos que resolver. - ¿Una bailarina nueva en el Pirandelli? - Tenemos que hablar. - Ay. No saben cuánto lamento no formar parte de esta conversación. Nos vemos más rato. - Darling, pensé que te habías ido a celebrar con Josefina. - ¿Usted me está hablando en serio? Le recuerdo que anoche explotó una bomba en Valparaíso. Estoy en medio de esa investigación y por si fuera poco, usted me hace esta encerrona. - ¿Encerrona? ¿En qué momento una bendición de argolla se transforma en una encerrona? - Yo solo no paré esta farsa por respeto a Josefina, pero claro, me imagino que tú ya contabas con eso, ¿no? - No me hables en ese tono. Estar trabajando tanto con delincuentes te está haciendo ver conspiraciones en todas partes. Gaspar, soy tu mamá. [Golpes en la puerta] Adelante. - Señora, algunos invitados quieren despedirse de usted. - No, Ester, no te vayas. A ver si tú me ayudas a entender qué hice mal. - Ah, pero Gasparcito, ¿no le gustó la sorpresa? - ¿Tú también? ¿Qué les pasa? ¿Hasta cuándo me tratan como si fuera un niño en esta casa? - Es que no entendemos nada. Se supone que tú y Josefina son novios. ¿En qué momento cambiaste de opinión? - Bueno, eso es algo que primero voy a conversar con ella. Cuando sea el momento, tú te vas a enterar, pero sí te voy a pedir algo, ten un mínimo de respeto y no te vuelvas a meter así en mi vida. ♪♪ - Tu sobrina tiene que ver con esto. No veo otra explicación. ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪